Según Reporteros Sin Fronteras, México se mantiene como uno de los países más letales del mundo para ejercer el periodismo.
En 2025, un total de 67 periodistas fueron asesinados a nivel global. Casi la mitad de esos crímenes ocurrieron en Gaza, una zona en guerra marcada por una escalada de violencia sin precedentes tras los ataques de Hamas.
En ese mismo año, en México fueron asesinados nueve comunicadores. Y aunque las circunstancias son radicalmente distintas, la cifra sigue siendo alarmante porque fuera de un contexto de guerra cada asesinato pesa más.
“A eso conduce el odio a los periodistas”, advirtió la directora editorial de RSF en declaraciones a AFP de lo ocurrido en Gaza.
Hace unos días,el senador de Tamaulipas, José Ramón Gómez Leal llamó “chayoteros” a los periodistas y exhortó a los políticos a no “alimentarlos”. Lo hizo visiblemente molesto, en un video que rápidamente circuló en redes.
El señalamiento puede parecer menor. Frente a las cifras de violencia extrema, no lo es.
Cuando desde el poder se desacredita a la prensa, cuando se le reduce a un estereotipo de corrupción se siembra desconfianza y en el peor de los casos desprecio
No todos los discursos terminan en tragedia. Pero muchas tragedias empiezan con discursos.
No fue solo el contenido. Es también la forma.
A JR se le vio iracundo, molesto, profundamente enojado. Arremetió contra la prensa y también contra políticos de su propio partido, a quienes ni siquiera tuvo el valor de identificar.
Ya se le olvidó que, en su campaña al Senado, él mismo buscó a los comunicadores, envió comunicados y convocó a conferencias de prensa para difundir sus propuestas legislativas. Entonces sí eran necesarios.
Hoy los descalifica.
¿Cuántos de esos compromisos públicos ha cumplido en su paso por el Senado? Estaría bien que hiciera un video informe.
Ahora, el reynosense quiere ser gobernador de Tamaulipas.
Con su padrino político, Adan Augusto Lopez Hernández, hoy debilitado por señalamientos mundialmente conocidos, y con su cuñado, el exgobernador Francisco Garcia Cabeza de Vaca, enfrentando a la justicia, el escenario se le complicó más.
Aspirar a gobernar implica responsabilidad con la palabra. Sobre todo en un país donde esa palabra —mal usada— puede costar cara.
Por lo pronto ya se presentó una denuncia en su contra en la Comisión Nacional de Derechos Humanos.
El senador está enojado por que su proyecto se descarrila pero, es su culpa, que no culpe a la prensa de su propia incapacidad de construir y convencer.
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