E pluribus unum. De muchos, uno. Lema nacional de los EU.
Miércoles 17 de marzo. Vengo de festejar con criterio sanitario el cumpleaños de una buena amiga de quien admiro su juventud turgente, su pasión por la lectura, su nada discreta belleza, y su inteligencia superlativa. A quien le atribuyó que posee un temperamento alegre y confiado, quizá incapaz de imaginar la maldad ajena y por esa curiosa razón, resulta inmune a ella. Me encanta el esplendor de su sonrisa y asumir que somos amigos. Es mi correctora ortográfica, a quien le aprendo la exagerada y severa disciplina de acomodar bien la estructura de las palabras para que la semántica y sintaxis tengan el tono correcto. Muchas felicidades doctora Paulina. Sigamos el camino.
En esta ocasión debo confesar que al momento de buscar la inspiración para extenderme en la presente columna, me siento como los cazadores al acecho de su presa. Estoy husmeando la inspiración indispensable para plasmar con letras las ideas que a veces fluyen y que hoy me rehúyen y no se dejan atrapar. Volviendo a los cazadores, me identifico sustancialmente con ellos, me gusta su paciencia para saber esperar, su estoicismo para aceptar lo que venga, sus tiempos perdidos en los cuales la filosofía fluye sin pudor, y sobre todo, la lentitud y la adrenalina de la búsqueda.
Y de repente la inspiración anuncia su llegada ante la luz de mi siempre latente morbosidad. Soy muy morboso. En ese tenor y tratando siempre de dilatar el mundo por medio de las letras, ansioso de contarlo todo con la narrativa elegante de los conceptos que bullen en mi interior, encuentro que dos palabras, que puedo catalogar de pleonasmo, se topan conmigo, o yo me topo con ellas. Sincretismo y ecléctico.
Las divergencias en materia política en nuestro país nos han llevado a una alianza entre partidos de ideologías tan disímbolas que no podemos pasar inadvertido, es decir sin decir nada. Creo que debemos puntualizar para pedir congruencia a quienes las dirigen y las controlan.
El sincretismo es esa tendencia a conjuntar a fuerzolis y a pretender armonizar corrientes de pensamiento o ideas tremendamente opuestas, mientras que lo ecléctico trata de reunir a los opuestos, procurando conciliarlos en sus valores, ideas, tendencias de sistemas diversos.
Y hoy podemos ver que es justamente lo que tenemos. El PAN de Gómez Morín se une al PRI de Plutarco Elías Calles y ambos a su vez con el PRD de Cuauhtémoc Cárdenas. Visto bajo esa definición es que podemos asimilar la razón de la sinrazón y entender que a los líderes de hoy se les ha olvidado generar muchas cosas, pero puntualmente podemos ubicar la esencia de ser. Ser de derecha, ser de centro o ser de izquierda.
En la conducta de todos los partidos hay siempre dos momentos antagónicos y alternativos: sístole y diástole. Su esquema dinámico es un movimiento de vaivén, avance y retroceso. Partidos que en campaña pueden ser sociables y comunicativos, y en el otro lado de la moneda egoístas y misántropos; dicho sea de paso, la dualidad que mi madre me reconoció desde siempre.
Hoy dichos partidos se equivocan, pues anteponen su lucha por el poder como un objetivo único y descuidan la ideología de cada uno de ellos, los fundamentos en los que fueron edificados, esos por el momento no importan. Y tomando como ejemplo muchos errores que el mundo entero repite maquinalmente desde hace tiempo, me doy cuenta que tales repeticiones de papagayo pueden arraigar hasta en cerebros inteligentes y como si fuera a escribir de una epopeya rústica les pregunto a los instigadores de estas uniones absurdas, si en verdad midieron los alcances de esta aparente genial idea.
Querido y dilecto lector, con base en experiencias insípidas o amargas he aprendido que el universo al que entramos por cada una de nuestras decisiones y conductas a veces se convierte en puertas que después batallamos sustancialmente para volver a cerrar.
Me remito a los fundadores de los partidos mencionados y creo que con sus acertados puntos de vista ideológicos pudieron fundar sus respectivos institutos políticos y sus descendientes se han encargado de difuminar su identidad, la cual ni siquiera se ponen a pensar cuando la volverán a recuperar.
Los anteriores personajes del partido no se dejaban sobornar por ninguna emoción y su identidad les daba solvencia para tomar decisiones. En medio de las inquietudes y perplejidades por haber perdido el poder, hoy la moneda de cambio es simplemente volver al poder a costa de la identidad ideológica. Se han quedado sin brújula.
Después del 6 de junio, en el recuento de los daños y de los votos ya veremos cómo serán sus relaciones, corteses de buena diplomacia o de beligerancia deshonrosa.
El tiempo hablará.