La mentira como herramienta.

No hablarás contra tu prójimo falso testimonio. Éxodo 20:16.

El día de ayer tuve la oportunidad de conectarme vía Zoom para el curso titulado: “Periodismo en la Nueva Normalidad: Herramientas para Coberturas Actuales” organizado por la embajada de los Estados Unidos, cuya primera plática fue impartida por Salvador Rizzo, reportero regiomontano del Washington Post, quien por medio de su conferencia, puedo decir que me amplió los horizontes del periodismo.

El tema abordado tuvo que ver con un concepto muy al punto en los tiempos de la post verdad en los que estamos inmersos, conocido como “Fact-Checking” que ya castellanizado tiene que ver con checar o verificar las notas periodísticas. Se toma como punto de partida alguna declaración dudosa de cualquier político para investigar su veracidad, y al final, calificarlo de una forma que me pareció sumamente novedosa e innovadora, en un nivel que puede ir de cero a cuatro Pinochos.

Lo mayormente aportativo y revelador en esta medición es que entre más pinochos se le asigne a la nota analizada, más crece la nariz y esto lastimosamente para el personaje calificado significa que lo dicho tiene un alto nivel de falsedad. Este método de medición periodística de declaraciones imprecisas inició en el 2007 y deberá convertirse en una herramienta obligada para quienes nos dedicamos al análisis político, con el agradable condimento de incluir como unidades de medición al simpático personaje de madera que anhelaba ser un niño de verdad, creado por el florentino de nacionalidad italiana Carlo Lorenzini, mejor conocido por su seudónimo como Carlo Collodi.

El Fact-Checking es un instrumento que implica muchas horas de trabajo y el cual, quienes nos dedicamos a los medios, debemos promover como uso cotidiano, de tal forma que correctamente utilizado nos llevará a un trabajo desapasionado, objetivo y altamente imparcial, que es obligado que sea sin el menor sesgo ideológico, para lo cual se deberán evitar las opiniones personales, las influencias de partido y cualquier tipo de suposiciones no confirmadas.

En la emisión del programa televisivo en Matamoros “La Mesa de Vallevisión” del martes pasado, uno de mis compañeros lanzó una afirmación lapidaria que a nadie le pareció una exageración. Dijo que todos los políticos mienten; y mientras yo escuchaba con atención la plática de Salvador Rizzo era inevitable no entender que esto es precisamente un instrumento que mide las mentiras de los políticos.

Cabe señalar que en el caso del cuento universal “Las aventuras de Pinocho” el hada le dice al personaje principal: Las mentiras, hijo mío, se conocen en seguida, porque las hay de dos clases: las mentiras que tienen las piernas cortas, y las que tienen la nariz larga. Las tuyas, por lo visto, son de las que tienen la nariz larga”. Y en ese inter que el hada hablaba a Pinocho le crecía la nariz.

Claro que las mentiras de los políticos no son un trozo de madera pequeño como Pinocho, quien al igual que su creador, creció y se desarrolló en un pueblo ubicado en el corazón de la Toscana donde pasó su infancia. Hay que puntualizar que las mentiras de las figuras públicas es importante medirlas y ubicarlas, pues fuera de la ternura del cuento puede costar vidas, o mucho dinero del erario.

Para este tipo de análisis se puede tomar como punto de partida alguna declaración dudosa de cualquier político vigente y de esta forma se mide su veracidad. Una vez realizado y concluido el trabajo de investigación se le otorga de cero a cuatro “Pinochos”. Y como bien dice Salvador Rizzo: Entre más Pinochos, más crece la nariz, más falso lo dicho.

Este instrumento lo usa mucho El Washington Post e implica trabajo de investigación y recopilación, preferentemente de primera mano para evitar el síndrome del teléfono descompuesto, es decir, sacarle la vuelta al chisme y concretar la información objetiva con datos duros.

El trabajo final se presenta a los lectores con una narrativa amena, de tal forma que la audiencia siente que acompaña los pasos de quien realiza la investigación, condimentando lo expresado con particularidades que lo hagan más atractivo.

Querido y dilecto lector, si este ejercicio de periodismo gravita en el ánimo de nuestros políticos, quizá, solo quizá, podrán sentirse conminados a no usar la mentira como una herramienta cotidiana de trabajo, tal como lo hizo Donald Trump en sus cuatro años de gobierno.

En alusión a la mentira como uso cotidiano, debo mencionar que en su momento Anthony Fauci, el encargado del manejo de la pandemia en EU, reveló detalles de su difícil relación con Trump. Dijo que la diferencia entre trabajar para Trump y Biden, era que con el demócrata no había represalias por “dejar que la ciencia hablará” y que las falsedades del republicano probablemente costaron vidas.

Todos mentimos y todos morimos afirma Dr. House. Pero el Fact-Checking nos dice: nada con exceso, todo con medida.

El tiempo hablará.

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