El efecto Mariposa.

Me gusta contemplar el entorno de los tiempos que nos ha tocado vivir. A mi edad puedo afirmar con rotunda seguridad que lo único que no cambia es que todo cambia; y lo que para unos es ceguedad, para otros es lucidez.

Entre todos los hombres que conozco, ellos representan a todos los hombres del universo y de ellos puedo deducir que los intereses de todo el género humano, ya sea en ideologías o en economías, se combinan, se agregan, se amalgaman de manera que forman una verdadera roca dura.

Cuando veo los bandos que en forma orgánica e inducidos por el presidente AMLO se forman en nuestro querido México, ya sea fifís o chairos, indígenas o mestizos, liberales o conservadores me llevan a las más punzantes conjeturas, estamos viviendo en una etapa de nuestro país en la que podemos decir que hay voluntad pero falta obra; sin excluir a nadie.

En algunos principios de enseñanza básica, según afirmaba José Vasconcelos, creador de la SEP en 1923, afirmaba que donde está la imaginación está la mirada. Yo me pregunto ¿en donde esta nuestra imaginación colectiva? De paso te dejo la pregunta retórica querido lector a nivel individual, ¿en dónde está tu imaginación a nivel individual? Porque es justo ahí a donde vamos.

Te doy un ejemplo cotidiano que puede ser estimulante y útil. La imaginación de alguien puede estar en los círculos del infierno de Dante en su genial obra “La Divina Comedia” o en los molinos de viento de “El Quijote de la Mancha” de Miguel de Cervantes. Esa imaginación se convierte invariablemente en punto de llegada y entonces leer alto es afirmarse a sí mismo en la lectura que previamente anhelamos.

Cuando pienso en mi ciudad natal, Matamoros y después en Tamaulipas y por ende en México me invade la vanidad que todo lo reviste de grandes palabras con la clara intención de lograr el efecto mariposa en mis lectores. Por medio de las palabras lograr pequeños cambios positivos que puedan generar en consecuencia un cambio enorme, altamente positivo.

No es fácil sembrar optimismo en medio de tanta incredulidad abonada por la corrupción, la impunidad y el cinismo con que algunos de nuestros políticos se han dirigido en otras épocas y aun se dirigen. Me preocupa el dogmatismo tiránico de los pedantes oficiales que puede producir un efecto mariposa negativo en el subconsciente colectivo.

AMLO se ha convertido en un hombre a quienes muchos mexicanos inexplicablemente encuentran grande en sus faltas, brillante en sus manchas y poderoso en sus fallas. Una especie de venda voluntaria ante los ojos; por un lado lo admiran y por otro lo adoran. Por el bien de muchos, ojala logre hacernos emerger como nación. Esa es mi imaginación.

Nos falta esa propiedad que dirige toda la voluntad hacia el esfuerzo y toda el alma hacia la aspiración. Ciertamente la pobreza pone de manifiesto la vida material en toda su desnudez y la hace horrible. De aquí provienen esos inexplicables impulsos hacia la vida ideal. Hoy en día algunos jóvenes tienen cien distracciones brillantes y groseras, muchas veces aterrizados en las ocupaciones bajas del alma a costa de las regiones existenciales más altas y delicadas.

Por su parte, los hay aquellos que siempre han encontrado gran dificultad en ganar su pan; comen, y cuando han comido, no les queda más que el ensueño de la meditación. Asisten a los espectáculos gratis que Dios les presenta, contemplan el cielo y toda la existencia suya, la humanidad en que padecen, la creación en que brillan. Contemplan tanto la humanidad que imaginan un mejor país; contemplan tanto la creación que descubren que es posible estar mejor. Ejercen el poder de la meditación; de esa forma conocen que pueden ser grandes, meditan más y conocen que pueden ser sensibles. Se trata de intentar pasar del egoísmo a la compasión de la persona que ama a México.

Un admirable sentimiento que no se tiene; el olvido de sí mismo y la piedad para todos. Al pasar de las satisfacciones que la naturaleza ofrece, da y prodiga a las almas abiertas, y niega a las almas cerradas; de esa forma llega a compadecer, él, millonario de la inteligencia, a los millonarios del dinero. De su corazón se borra la ambición desmedida a medida que va entrando toda la claridad en su espíritu.

Imaginemos un Matamoros, donde cada día, cada persona, se ponga a ganar el sustento, y mientras sus manos ganan el pan, que su cerebro adquiera ideas que jamás llegarían en la ociosidad o por terceras personas que no aman nuestra ciudad.

Vienen tiempos laborales complicados. Dios bendiga los próximos días a nuestra entrañable y muy querida ciudad.

El tiempo hablará.

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