Un poeta llega a la JAD.

La presente columna va dirigida a las personas auténticamente inteligentes y honestas en su manera de procesar tres cosas: lo legal, lo real y lo simulado. Si al momento de leer, sesudo lector, tu criterio es guiado por las conveniencias, lo mejor es que te detengas en tu lectura y te vayas a otra cosa mariposa. Aquí te diría, gracias por participar. Y si continúas, suerte en la lectura.

Tuve la oportunidad de estar en la primera sesión extraordinaria del Consejo de Administración de la JAD y me sorprendió la caricatura de consejo en que la han convertido, eso sí, supuestamente amparado por la ley, pero que ofende la inteligencia del más despistado. Paso a explicarme.

El Consejo de Administración de la JAD es un ente legalmente correcto, pero moralmente es una burla a la sociedad matamorense. Tiene una estructura que depende de la voluntad de un solo hombre para que funcione como un verdadero consejo: ese hombre es el gobernador en turno. Si el gobernador no quiere, esta estructura de gobierno estará conformada por cinco consejeros municipales de a mentis y seis consejeros cortesanos del gobernador, con una acendrada fidelidad hacia él, y siempre actuando con un celo de advenedizos, tal cual como está en este momento. Estos seis consejeros más que ser propiamente concejales se comportan como embajadores obsequiosos y plenipotenciarios del gobernador.

Al ver esto en la pasada sesión me invadieron algunas preguntas las cuales no pude externar porque la estructura de la sesión solo da para que hablen los miembros del consejo, así es y como ciudadano así se acata. Plantearé ilusamente mis preguntas con la esperanza de que algún día sean respondidas.

¿Por qué dejar que siga subsistiendo un consejo de administración en donde quienes deciden en la JAD están en Victoria? Al parecer los seis consejeros no tienen el empaque para oponerse a los designios dictados desde la capital y solo se limitan a decir siempre “sí” porque lo manda el gobernador y no que sea necesariamente lo mejor para nuestra ciudad.

¿Qué papel desempeña aquella persona que obtuvo una mayoría de casi 108 mil votos en la pasada elección en este Consejo de Administración de la JAD? ¿Meramente decorativa? La paradójica realidad es que ahí manda el partido que obtuvo menos de 52 mil votos; Montesquieu y los constitucionalistas mexicanos estarían revolcándose en su tumba al ver la subestimación que se hace del poder ejecutivo municipal y de su autonomía, algo que en este momento en el organismo operador del agua, la JAD, esta bochornosamente en las calendas griegas.

Una figura jurídica administrativa en la que el alcalde funge como presidente del consejo pero que en los hechos no es él quien tiene el control, pero si es quien paga las deudas. O sea, “Hola presidente, siéntate, escucha, paga las cuentas y calla”. El PRI lo inventó y el PAN lo quiere.

Esta forma de gobierno de la JAD viene desde tiempos pasados, y aquellas autoridades municipales que han logrado tomar el mando, ha sido más como una concesión del gobernador en turno que como una acción jurídica e institucionalmente protegida.

Querido y dilecto lector, te cuento lo que vi. El presidente Mario López, es decir, el presidente del consejo llegó a la sesión quince minutos antes del mediodía, la hora pactada para celebrar la sesión con los cinco consejeros municipales. Los seis consejeros leales al gobernador llegaron tarde a las 12:01 y sin el menor sesgo de educación para disculparse con el titular de ese consejo iniciaron la mencionada sesión.

Debo mencionar que Christian Pérez Cosío, amén de ser el representante consejero de la CANACO fungió como secretario de esta sesión extraordinaria, su fisonomía parecía ser la del típico personaje de la Comedia Humana de Honorato de Balzac; sus dos cejas claramente marcadas en una frente amplia, en un rostro abultado, con una mirada de abogado que tiene mucho que decir pero también mucho que esconder, pareciera que llegó para dos cosas: resolver lo que Abraham Rodríguez Padrón no pudo hacer el viernes anterior y actuar por consigna más que por el uso de la razón.

El presidente del consejo, Mario López, puntualizó que detectaba algunas inconsistencias, pero el secretario de la sesión simplemente las invalidaba con la anuencia de Abraham Ruiz Mendiola, consejero representante de la SEDUE del Estado, que lo mismo puede estar aquí que en otra ciudad, su fidelidad no es a Matamoros, es a su jefe.

Observé a Juan Villafuerte y Oscar Macario Farías votando a favor de la propuesta del Estado, uno de la CTM y el otro de la CANACINTRA. Ellos son libres de votar por quien deseen, pero me gustaría saber el sentido de su voto.

Finalmente, a un poeta, Rodolfo Simón Hernández Piña, lo hicieron gerente de la JAD sin considerar la opinión del presidente del mismo consejo. Si un agrónomo es director de Pemex, ¿por qué no tener a un amante de las letras como máxima autoridad gerencial del agua? La apuesta es muy alta. Hoy al medio día los regidores del ayuntamiento de Matamoros irán a pedirle su renuncia.

El tiempo hablará.

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