Historias de Matamoros. Sergio Argüelles Gutiérrez.

Obras son amores y no buenas razones. Lope de Vega Carpio

Siempre me he preguntado qué tienen las ciudades de Aracataca de Gabriel García Márquez en Colombia o la Salamanca de Miguel de Unamuno en España con respecto a Matamoros. Ciudades que tuvieron un origen modesto y hoy por diversas circunstancias sobresalen de cierta forma que le dan a sus localidades un prestigio que es capitalizable a su favor por mucho tiempo más en el futuro. No es exagerado afirmar que tanto García Márquez como Unamuno son el acento de sus ciudades por el lustre de sus obras.

En vísperas del homenaje que la administración municipal de Mario López en Matamoros le hará a Don Sergio Argüelles Gutiérrez, me he abocado a estudiar desde varios ángulos la fascinante vida de este insigne ciudadano matamorense. Desde la excepcionalidad de su primer apellido Argüelles por las diéresis, ese signo diacrítico de ortografía de dos puntos que en la lengua española se coloca sobre la vocal “u” de las sílabas “gue” y “gui” cuando aquella debe pronunciarse, por una parte; y en su segundo apellido Gutiérrez, otra vez la esencia diacrítica del acento en el idioma, pero ahora con la tilde o glifo sobre la letra “e”.

En sus dos apellidos hay un acento como prolegómeno de la diacrítica existencial o acento que daría a su ciudad natal Matamoros. Hay mucho de mística en la vida de Don Sergio, pero la grata sorpresa, al menos para mí, se dio cuando descubrí el significado de su nombre: “Firme guardián” o “El que protege”. Y procurando no desbordarme en elogios sin fundamento, encuentro por sus hechos que si alguien fue guardián o protector de nuestra ciudad en su tiempo fue precisamente Don Sergio Argüelles Gutiérrez. A las pruebas irrefutables me remito.

He tenido la oportunidad de dialogar con diferentes personalidades de nuestra amada ciudad y debo reconocer que muchos de los días de gloria del personaje aludido fueron precisamente cuando yo era un chamaco imberbe o estudiaba fuera. He descubierto la esencia de Don Sergio poco a poco, y conforme he ido conociendo más de él, llego a la rotunda conclusión que es merecedor de todos los homenajes que se le puedan brindar.

A la puntual pregunta: ¿Qué hizo Don Sergio Argüelles por Matamoros? Las respuestas que he cosechado han sido contundentes en dos aspectos que son relevantes para todo aquel que se considere matamorense de cepa y que sin regatear reconoce lo que éste contribuyó para el desarrollo de los matamorenses en dos puntos: empresarial y educativo.

Pudo haber tenido sus diferencias grandes o pequeñas con sus contemporáneos, aquellos con quien les toco tratar por cuestión de negocios, pero en resumen el saldo es positivo. Permítame explicarme sesudo lector. Antes de que Don Sergio Argüelles introdujera el concepto de parques industriales, las empresas maquiladoras estaban dispersas en la parte urbana y residencial de Matamoros.

Fue entonces que le brotó la idea de los parques industriales, que hasta ese momento no existían en todo México. Surgen esos amplios lugares donde se pueden establecer la cadena de suministros de las grandes corporaciones a bajo costo y que le darían empleo a los residentes de Matamoros.

Esa idea tan innovadora en su momento y hoy tan común en el contexto de maquila fue el detonante de lo que hoy es la empresa Finsa, quien tiene una presencia indiscutible a nivel nacional e internacional.

El segundo concepto que enriqueció Don Sergio a favor de Matamoros fue el referente a la educación. Son muchas las historias en la academia de cómo la filantropía de éste hombre cambio la vida de muchos estudiantes. No pocas generaciones de alumnos de nuestra ciudad, que hoy son destacados profesionistas pudieron ampliar los horizontes de su escuela gracias a las becas que instituyó a través de Fundación Finsa.

Querido y dilecto lector, me consta de algunos estudiantes que fueron becados hasta nivel de posgrado e incluso en las mejores universidades del extranjero; mientras hubiera talento, voluntad y capacidad académica Don Sergio no tenía límites para apoyar lo referente a la educación de la gente de Matamoros.

Empleo y Educación fueron sus frutos, y todo esto de la mano igualmente generosa de su esposa la Señora Magda González de Argüelles. Por otro lado, la siembra de valores con el concepto de “Escuela para Padres”, que fue como yo llegué a conocerles, es otra de sus aportaciones no solo para Matamoros, sino para Tamaulipas.

La euforia por tan gran personalidad de nuestra ciudad me gana y me dicta lo siguiente: Si Aracataca tiene como grato recuerdo a Gabo y Salamanca a Unamuno, Matamoros tiene a Sergio Argüelles para presumirlo como un ciudadano que no se cansaba en su puntual filantropía para hacerlo mejor. ¿Cuándo volveremos a tener uno igual?

El tiempo hablará.

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