Cambio de legislatura en Tamaulipas.

El próximo 1º de octubre inicia un año legislativo y con ello está por entrar al Congreso del Estado la próxima legislatura. En números romanos es la LXV, en números ordinales es la sexagésima quinta y en números cardinales es la sesenta y cinco.

A la mayoría de los ciudadanos nos da cierta flojera adentrarnos en los pormenores del Congreso pues es algo que no vemos aterrizado en nuestra cotidianidad inmediata. El Congreso ideal es aquel que sea opuesto, no rival, a quien funja como gobernador, para que el verdadero equilibrio de poderes sea una realidad democrática.

De lo contrario sería como la mayoría de los últimos congresos estatales, una caterva de subordinados a la voluntad del gobernador, a la cual la actual legislatura, que sale al final de este mes, la LXIV, no escapa en lo más mínimo para ser catalogada como la más obsequiosa y servil, supeditada a los exclusivos intereses del ejecutivo estatal. La calificación se la dio el elector. Se fueron.

Como ciudadanos medianamente maduros debemos tener muy en claro que el Congreso del Estado es el órgano encargado de la elaboración de las leyes que regulan las conductas sociales en nuestra entidad. Esta acción por sí misma debería definir la personalidad independiente e inquisidora del congresista frente al poder ejecutivo, cuestionarlo todo, pero lastimosamente no siempre ha sido así. Más que legisladores, parecieron a lo largo de su legislatura encubridores. Malo el asunto. Aprendieron el arte del disimulo.

Me remonto a la novela Lazarillo de Tormes, que con esa mirada atenta, que estudia más que mirar, veía en los legisladores de su época que asumían que para ser virtuoso, había que fingir ser virtuoso, no serlo. Así parece que para ser diputados libres y soberanos de Tamaulipas, hay que fingir ser libre y soberano, no serlo. Así las cosas. Esta apreciación es engendro de mi desbocada imaginación.

Querido y dilecto lector, por otro lado, en nuestro Estado, las bases legales sobre la constitución del Congreso del Estado se encuentran contenidas en la Constitución Política Local, de esa forma las legislaturas del Estado son integradas con diputados electos según dos principios: de mayoría relativa (MR) y de representación proporcional (RP), en los términos que señale la Constitución Federal y la ley.

El artículo 26 de nuestra tan llevada y traída Constitución estatal dice a la letra que: El Congreso del Estado se integrará por 22 diputados electos según el principio de votación de mayoría relativa, mediante el sistema de Distritos Electorales Uninominales, y con 14 diputados que serán electos según el principio de representación proporcional y el sistema de lista estatal, votadas en la circunscripción plurinominal que constituye el Estado, para dar un total de 36 representantes.

En ese tenor y en el vaivén tempestuoso de las cosas humanas a la fracción panista, como a un Ceniciento, el coche del poder legislativo se le convirtió en calabaza, y sus elegantes vestidos en harapos, pues de 21 diputados de MR y uno de RP que tenían, para dar un total de 22 en la legislatura que está por terminar, a partir del próximo mes iniciarán con 6 de MR y 5 de RP para dar un total de 11 legisladores locales. Una resonancia trepidante llamada pérdida de rumbo. Al ser excesivamente obsequiosos olvidaron que quien vota y elige es el pueblo.

La dinámica de triunfo de Morena en Tamaulipas le ha permitido evolucionar en los hechos en forma favorable, pues de una diputación de MR y 9 de RP, para dar un total de 10, en la próxima legislatura serán, en estricta teoría, 16 diputados de MR y 4 de RP, para dar un total de 20 legisladores. Y digo “en estricta teoría” porque al momento de escribir la actual columna no sabemos cuál será el sentido del desempeño legislativo de la diputada Leticia Sánchez Guillermo, quien en los hechos le ha apostado todo su capital político a las causas del gobernador panista. Empíricamente, veremos y diremos.

De la misma forma el PRI contará con 4 diputaciones de RP y Movimiento Ciudadano con una por el mismo principio, esta última para Gustavo Cárdenas que amenaza con ser la salsa habanera en el Congreso.

Todos ellos vivirán a partir del primer minuto del mes de octubre el instante supremo de ocupar un lugar en el Congreso estatal. No es poca cosa. En su cerebro bullen muchos proyectos y les tocará el reto de ser el primer legislativo de oposición al gobernador en Tamaulipas y con ello ser los creadores de las leyes para ser aplicadas imperfectamente en el campo de la siempre imperfecta organización de la sociedad.

Solo esperamos que la próxima legislatura no sea tan servil y obsequiosa como la que se va.

El tiempo hablará.

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