Una ilustre matamorense: Carla Adriana Suarez Flores.

Jorge Chávez

Dormí y soñé que la vida era servicio, desperté y vi que la vida era alegría; Serví y vi que en el servicio se encuentra la alegría. Rabindranath Tagore.

Hay historias que impactan más cuando se comienza a contarlas por el final. Lo mismo hace Alejandro González Iñárritu para dejarnos la duda de cómo se llegó hasta ese punto del drama.

Carla Suarez, es la presidente del Consejo Mexicano de la Carne. Una personalidad que fue incluida dentro del top 100 de las mujeres más influyentes de México dentro del ramo empresarial y financiero en un artículo publicado por “Expansión”, revista mexicana especializada en economía, finanzas y negocios. Nació en la clínica López Padrón en los días fríos de febrero, para inmediatamente irse a iniciar sus días en Control Ramírez. Así inicia esta historia.

La presente columna es una travesía en los condensados días de una mujer a quien Dios y la vida le han permitido llegar muy lejos y cuya pueril formación la inicio en el rancho Los Suarez, que nuestra protagonista recuerda con especial dilección; con la imagen tatuada en su mente de aquellos rosales que adornaban el patio de su casa y que, sin ella saberlo, en ese momento conformaron su personalidad sensible que hoy tiene.

Una infancia con olor a lluvia en el campo que como acto reflejo de su inclinación aventurera frente a la vida, cuando el agradable ruido de un buen chubasco hacia presencia, ella junto con su hermana Ethelvina y su hermano Narciso corrían a tropel para ponerse las botas de hule y disfrutar con Don Narciso, su padre y la maestra Lupita, su madre, la aventura campirana, bastante agradable que representaba el trayecto de su casa a la curva de la carretera, en una camioneta jalada por un tractor que retaba a lo adverso del camino y que al final lograban vencerlo.

En esta acción lúdica, aparentemente sin trascendencia se forjaba el temple y el carácter de una triunfadora. Quizá sin saberlo, Carla Suarez, estaba entendiendo que a la adversidad se le enfrenta con gusto y por diversión.

En muchas ocasiones disfrutó los hot cakes hechos por su padre, y entendió que un hombre tozudo del campo puede hacer las labores de una mujer sin detrimento de su hombría; y en el mismo sentido pero por el lado de su madre disfruto ayudarla a pintar su casa y aterrizo en sus procesos cognoscitivos que también había labores de hombres que bien podrían hacer las mujeres sin complejo alguno.

Cuantas veces Don Narciso la puso a cambiar llantas de carro y otras tantas asistió a su padre en cuestiones mecánicas de los tractores. Nunca se arredró y poco a poco, como cuchillito de palo fue entrando en su logística de vida que no hay límites existenciales cuando las cosas hay que hacerlas. Entendió que no hay labores exclusivamente de hombres ni de mujeres. Nunca existió para las labores del campo un “Quiero y no puedo”.

Los padres de Carla son un claro anticipo de lo que habrían de ser ella y sus hermanos desde la infancia en Control Ramírez, inquietos y perseguidores incansables del trabajo bien hecho.

En alguna ocasión su abuela la envió a una casa de ancianos para que se desanimara a ser monja. Lo logró. Fue entonces cuando su verdadera vocación tocó las puertas de su existencia. Surgieron unas enormes ganas de trascender en lo que vivía todos los días. Su trato con los animales propios del campo.

El traslado de Control Ramírez a Matamoros para ingresar en La Salle tuvo cierto drama, ya que implicaba salir de su estado de confort, hubo un cambio de entorno que representó para ella cierta complicación, la cual supero por medio del deporte, particularmente el voleibol. Fueron sus primeras victorias fuera del añorado campo donde inicio su vida.

Querido y dilecto lector, esta historia no estaría completa sin una “Best Friend”, Carmina Sauceda, quien un año antes había emigrado del campo a la ciudad y fue quien le abrió paso a Carla cuando ella llegó.

Una mujer matamorense dotada de genio que gracias a una formación familiar exuberante consigue colocar al lado del cosmos terrestre en Control Ramírez otro cosmos completo de su entera creación; muy rara vez será capaz de atenerse con todo rigor al statu quo, siempre retará a la vida.

En ese tenor escoge ser Química Bacterióloga Parasitóloga, en la UANL en Monterrey, tenía que ser algo difícil para que valiera la pena el intento. Poco antes de graduarse ingresa a laborar en “Kir alimentos” que hoy es Qualtia. De ahí derivaron muchos otros logros nada fáciles, el posgrado en Alemania y el certificado del IPADE de alta dirección. Y desde el 2017 la presidencia de la COMECARNE.

Solo conociendo la historia desde la infancia de esta mujer matamorense podemos entender por qué hoy destaca en un giro dominado por los hombres. Infancia es destino.

El tiempo hablará.

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