Una fecha cargada de historias familiares.

Jorge Chávez

Dos clases de hombres se esfuerzan en vano: quien amontona dinero sin gastarlo, y quien adquiere saber sin aplicarlo. Saadi, poeta Persa.

Describir los días 25 de diciembre es meterse en un dédalo existencial del que puede uno salir raspado emocionalmente. Un hombre alegre, verá alegremente las cosas; un hombre triste las verá tristemente. Es muy raro que la personalidad del autor no aparezca en lo que escribe. Podemos deducir la personalidad de Víctor Hugo o de Alejandro Dumas por lo que en su momento escribieron; aunque Shakespeare es una excepción, pero yo no soy Shakespeare. Escribo para solaz de mis lectores.

Plasmo las presentes letras en la plenitud de una fecha que pareciera todos esperamos en el transcurso íntegro del año que está por concluir; en ese tenor me consagro entonces, con mis cinco sentidos, a la exploración de las vivencias y experiencias que mi memoria alcance a rescatar en la vorágine turbulenta de mis recuerdos y pensamientos que la dan empaque a la historia de mi memoria, no con el propósito de ser yo el estelar protagónico de esta columna, sino con la clara intención de encontrar coincidencias con tu vida que pudieran serte gratas, estimado lector.

Estoy firmemente convencido, como Julio Verne, que todo en nuestra vida es asunto de crónica; que la Tierra, la Luna, el universo no han sido hechos más que para suministrar artículos de periódicos, y mi inspiración no se detendrá por falta de asuntos, y esto del 25 de diciembre me parece sustancialmente generoso como vivencias dignas de análisis de vida, dejando deliberadamente en el olvido los asuntos políticos, esos están de asueto en estos días.

Podemos afirmar en un sentido general que el escenario contundente de nuestros 25 de diciembre son la nostalgia y la paz de una ciudad que parece vacía y descansa del barullo de los días tradicionales en todo el año. Día ideal para meditar y regocijarse con los buenos recuerdos que en ese contexto se han vivido.

La espesura de las vivencias pasadas es densa pues implica tantos momentos que no se van de nuestra memoria, y tantas personas que aunque muchas de ellas ya no están, paradójicamente siguen estando presentes en un obstinado recuerdo que no los deja irse de nuestro actual momento, puntos estelares de nuestra historia como lo pueden ser nuestros padres o personas que no sabíamos cuánto les queríamos hasta ese fatal momento en que ya no podíamos expresárselos y que lo escucharan.

La hoy desértica calle frente a la casa de mi infancia, la casa de mis padres, que en otros 25 de diciembre estaba llena de ruidos y aglomeraciones humanas, de olores a comidas condimentadas por mi madre, de chascarrillos y bromas de mi padre, como una muestra evidente de alegría por tener a su rebaño cerca y envueltos en una calidez de novela clásica; sin olvidar el estruendo de cuetes y cuates que hoy son parte relevante de mi nostalgia. Años maravillosos. No que los actuales no lo sean, sino que es cuando más advierto que la sabiduría de nuestros padres para mantenernos unidos, es como las piruetas que vemos en los gimnastas de las olimpiadas, parece tan fácil cuando solo los vez.

La vorágine de recuerdos me provoca un obligado suspiro. Es como un descanso para la memoria y poder continuar. El contexto geográfico de mis recuerdos es preponderantemente la ciudad de Matamoros, como de hecho lo es para cada quien su tierra natal o el espacio que haya escogido como tal, eres de la tierra que te da de comer.

Creo que por esa razón envuelvo del romanticismo de Bécquer a esta ciudad fronteriza en todo lo referente a los 25 de diciembre, fecha en la cual no faltaban nunca incidentes; y si no los había, los inventábamos según los necesitáramos para ponerle condimento a la vivencia.

Pudiera ser que en todas estas alusiones de los días ya idos haya un relieve incorrecto, incluso caprichoso e imprevisto, una maravilla de irregularidad, limitado en el horizonte del pasado por el grandioso marco de una sola familia que es la mía, pero que por un acto reflejo te lleve a los invaluables recuerdos de tu familia mi muy querido y dilecto lector, ojala sean gratos los recuerdos evocados por la lectura de esta columna, inspirada en una fecha en la cual todos estamos cargados de añoranzas y de suspiros existenciales.

El tiempo hablará.

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