Pandemias: Ayer y hoy.

Jorge Chávez

¿Qué otra cosa podemos interpretar hoy ante sus afirmaciones de que quienes atendían a los enfermos morían y de un modo muy especial los médicos al ser mayor su contacto con los afectados? Tucídides y Sófocles ante la peste.

Hay mucha literatura al respecto de la pandemia y autores como Tucídides afirman que es preciso sufrir con la resignación de algo inevitable las cosas enviadas por la divinidad y con valor las que vienen de los enemigos.

En Tamaulipas los números de contagiados ha subido en forma súbita y hasta dramática; hemos rebasado los 400 contagiados con más de 15 muertes por este virus tan letal, al grado que nos tiene en un suspense cada vez más dramático.

Hoy quiero aludir a dos autores antiquísimos que son Sófocles quien nos habla de Edipo en Tebas y Tucídides de Pericles en Atenas, ambos en medio de una pandemia. Es interesante asimismo considerar qué posición adoptan ambos escritores ante la aparición de su pandemia.

Es sorprendente el parecido de las pandemias de antes pues en efecto, Tucídides, fiel a sus propósitos y consecuente con sus ideas, aborda la peste del mismo modo que él o los autores de las epidemias transcriben sus experiencias médicas.

Según Sófocles a este Edipo, equivalente a los gobernantes de hoy, acude el pueblo a implorar ayuda y él, amante de sus súbditos, doliente como ellos y por ellos, no rehúye los medios a su alcance para resolver en lo posible la dificultad en que se hallan.

Ningún ciudadano, ni ahora ni entonces, quiere ser víctima del destino. Nadie quiere ser una proyección trágica ad absurdum, y los mismos gobernantes tienen un temor bastante fundado que su testamento político no sea puesto en práctica por sus seguidores como le sucedió a Edipo en Atenas, según nos cuenta Sófocles.

Hay una curiosa coincidencia entre Pericles y nuestros tiempos pus dice Tucídides que su concepción política, su previsión, su organización estatal están fuera de toda crítica, pero si consideramos las palabras del historiador: «Y era aquella oficialmente una democracia; pero, en realidad, un gobierno del primer ciudadano».

Podríamos deducir que la posibilidad de que el desconcierto e incapacidad política inherentes a sus continuadores no sean sino el fruto de los años en que Pericles totalizó el poder en sus manos sin dar paso a una oposición organizada que pudiera, al faltar él, afianzarse en el poder.

Querido y dilecto lector, desde entonces podemos aprender como ciudadanos que un régimen político, que se llama democrático, no puede descansar en una sola persona, sino en unas instituciones, en unos partidos. No hemos querido aprender bien esta lección, mucho menos en medio de la pandemia.

Es importante que ubiquemos que en la fase 3 de la pandemia tiene mucho que ver la nosología, es decir la parte de la medicina que describe, diferencia y clasifica las enfermedades, para poder llevar un mejor registro de la misma.

Por otro lado y tratando de seguir aprendiendo de la literatura pandémica encontramos que en el primer canto de la Ilíada de Homero, es Apolo quien envía la peste a los aqueos, su exposición termina con unas consideraciones psicológicas y morales acerca de las reacciones, humanas, sí, pero reprensibles, que los atenienses patentizaron ante una situación tan insegura y azarosa como la que estaban atravesando.

Ante el incremento de contagios y de muertos a nosotros nos toca elegir entre ser prosaico o poéticos, Salir como si nada con nuestra vida social o quedarnos en nuestras casas para no estar entre dos tragedias: Llama de calamidad o portadores de la muerte.

La peste de Tucídides y la de Sófocles eran contagiosas y al igual que nosotros se abandonaban las prácticas funerarias habituales ante la magnitud de la catástrofe, y la existencia se agravó aún más pues los hombres, no sabiendo qué hacerse, dieron en despreciar por igual las leyes divinas y las humanas.

Debemos entender que la pandemia del covid 19 es per se, imprevisible e incognoscible, es decir no puede ser conocido o comprendido por la mayoría, pero la realidad es que aquí está entre nosotros.

La historia de todas las pandemias nos hace ver que ante la curva de ascenso es lamentable pensar que, como raza humana, estamos hechos, mitad indiferencia y mitad ruindad, como reflejos condicionados de nuestra personalidad poco propensa a trabajar en equipo.

Podemos aprender mucho de la historia o de la literatura de las pestes, epidemias o pandemias para encontrar en la ficción y la realidad el punto óptimo de conducta social para dar buenas cuentas a nuestra familia en los días venideros, cuando todo vuelva a la normalidad, si es que algún día regresan los días como alguna vez los conocimos.

El tiempo hablará.

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