Los thriller políticos: AMLO y Joseph Goebbels.

Jorge Chávez

Tengo varios días que despierto con mi cerebro neblinoso por un lado, la intuición extraviada por otro lado y en la boca: la indeseable sensación de haber estado chupando una tuerca oxidada durante toda la noche. Todo esto debido a la obligación de aterrizar en mis apuntes el contenido temático de mis programas de radio.

Y es que el vértigo de las noticias que fluyen actualmente me pone en un estado catatónico de no saber si es realidad o ficción. He sido testigo, por los medios, de la trayectoria de AMLO como oposición y creo que siempre supuse erráticamente que se quedaría con las ganas de llegar a la presidencia, presumo que muchos de mi edad comparten esta creencia.

Muy probablemente influenciado por esos “medios neoliberales” a los que él tanto alude asumí que el poder político era inaccesible para todas aquellas personas que no seguían el protocolo electoral marcado por el PRI antes del año 2000 y después por el entonces todo poderoso PRIAN. Se me complicaba creer aquella cantinela de que el poder estaba en el pueblo por medio de su voto.

Ahora que ya no es oposición y que es el presidente de la República, lo miro como dirían los gabachos, y lo observo con denuedo y con fruición, como dirían los sociólogos y antropólogos, en el microscopio de la vida; y en ese triunvirato mediático de información, comunicación y propaganda que es la maraña matutina de la mañanera, deduzco que me deja una sensación que defino con una sola palabra anglosajona: Thriller. En la más estricta de sus connotaciones.

Querido y dilecto lector, el thriller se usa y se abusa con referencia al género literario o cinematográfico que se basa en la generación de, lo que AMLO maneja en forma por demás magistral, el suspenso, el cual crea en sus benditas audiencias.

Para mayor precisión entendámoslo como las expectativas, la curiosidad o el morbo llena de ansiedad por parte de nosotros los espectadores que seguimos sus pasos por saber qué ocurrirá en la trama política donde él marca la pauta, nos guste o no.

En una etapa de nuestra vida nacional en que somos testigos de una gran cantidad de insensateces y extravíos no siempre generados por el propio presidente pero que se ven acentuados precisamente por este juguete mediático de la mañanera en la que al presidente le gusta calificarse antes de tiempo como la cuarta transformación, una transformación que el tiempo presente es más intensión que realidad.

Joseph Goebbels, era el encargado de la propaganda nazi, y tenía un manual de acción que al día de hoy, en que muy pocas cosas pueden ser secreto podemos encontrar en la mejor biblioteca jamás imaginada que es Google.

En una de los puntos del manual de propaganda dice lo siguiente: “Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar”. Hasta ahí la cita.

Con este caudal de información y en mi calidad de analista no puedo permanecer frente al polémico personaje que es AMLO con una indiferencia. Me cautiva como espécimen político para siempre observarlo en el laboratorio social en que caben todas las acciones de los políticos de todos los niveles.

Otra coincidencia con el propagandista alemán es la siguiente: “La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentadas una y otra vez desde diferentes perspectivas pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas”. Hasta ahí la cita. Por eso algunas veces, o quizá muchas, AMLO nos parece obstinado en sus ideas.

Los mexicanos todos, siempre confusos pero, curiosamente, muchos de ellos aun llenos de optimismo en medio de unos pobres resultados en la economía y la seguridad, que hasta ahora no disminuyen el porcentaje de aceptación que, gracias a esta estructura de propagada le permite estar por encima del 60%; eso en términos electorales es más que mucho, es envidiable para cualquier político adversario.

Otra indicación del manual de Joseph Goebbels es sorprendentemente parecida a la forma de operar sus mañaneras AMLO, dice lo siguiente: “Principio de renovación. Hay que emitir constantemente informaciones y argumentos nuevos a un ritmo tal que cuando el adversario responda el público esté ya interesado en otra cosa. Las respuestas del adversario nunca han de poder contrarrestar el nivel creciente de acusaciones”.

Por eso la rifa del avión, la cancelación de los puentes vacacionales, la puerta mariana de Palacio Nacional y un sinfín de tópicos en los cuales el presidente nos lleva como niños de primaria jugando futbol, los 22 jugadores detrás del balón descuidando todo el campo.

AMLO es fascinante como personaje y él lo sabe. Ojala lo llegue a ser también como estadista.

El tiempo hablará.

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