Innovación.

Jorge Chávez

De vez en cuando aparece un producto revolucionario que lo cambia todo. Steve Jobs.

Mi querido y dilecto lector, ante la situación que se presenta para los partidos tradicionales, entiéndase particularmente PAN y PRI, después de haberse dado cuenta el 1º de julio pasado que se desplazaban en su acción política muy lejos de la ciudadanía; cabe traer a colación una historia muy seductora de innovación industrial en lo referente a una “nueva” marca de bebida carbonatada oscura, en un principio competencia ilusa frente a los gigantes refresqueros Coca Cola y Pepsi Cola.

Ante el tsunami que representó Morena para los dos partidos mencionados es importante señalar en primera instancia el diagnostico apriorístico que como ciudadanos comunes podemos sugerir. El PRI se corrompió en varios aspectos, en lo referente a su ideología y después en forma superlativa en lo que tiene que ver con los dineros; y por último se corrompió funcionalmente. Ya no había sensibilidad social y en su soberbia no se dieron cuenta que se habían amputado el criterio.

El PAN, que lo veíamos como el cambio y el partido de la gente decente no pudo con su ineficiencia que lo fue invadiendo en forma gradual conforme se hacía de más poder político, con diputaciones, alcaldías y gubernaturas. Con el tiempo, que avanza en forma inexorable, fue logrando posiciones de poder, incluyendo la banda presidencial. Se esperaba que cambiara lo que el PRI había hecho mal o había omitido. Pero, como bien dicen los franceses, los declaramos “Les incompetent”. Se proyectaron como los grandes acusadores del pasado. La realidad es que el cambio no llegó y lo peor de todo, la corrupción sobrevivió y el resultado final fue la ineficiencia. El diagnostico final para los dos partidos fue “hubris irreversible”. Cayeron en un onanismo histórico y se olvidaron de sus bases con una procacidad descarnada. La debacle pareciera difícil de revertir. Pero hay historias que nos dicen lo contrario.

Una de esas historias es la empresa detrás de la Big Cola, Aje, surgió en Perú en la década de 1980. Y tal vez no habría existido nunca si no fuera por un movimiento guerrillero que cerro cierto espacio geográfico de ese país y no permitió el acceso a las trasnacionales refresqueras que conocemos de siempre. Pepsi y Coca. La violencia en torno a Sendero Luminoso había dejado a partes del país virtualmente incomunicadas.

No había refrescos de cola y entonces hubo quienes en medio de los vientos adversos en lugar de amedrentarse o quejarse vieron un mercado emergente, y de esta forma cinco hermanos peruanos de apellido Añaños, decidieron entonces embotellar en Ayacucho una bebida gaseosa que años después se expandió en ventas a América Latina y a varios otros continentes. Esto es Big Cola.

Antes de toda esta circunstancia era válido cuestionarse, ¿Cómo puede competir una empresa con gigantes multinacionales refresqueros de millonarios presupuestos? Pero las circunstancias cambiaron y alguien lo detecto. Esto muestra el nuevo mundo en el que estamos viviendo. Repito el concepto mi querido lector, el 70% de las personas en los mercados emergentes, quiere algo nuevo y distinto.

Big Cola es la bebida más consumida entre los 250 millones de habitantes de Indonesia y empieza a hacer entradas en el gigantesco mercado de India. Probablemente en su gran mayoría no tienen idea que el refresco es manufacturado por una empresa peruana.

Pero se han vuelto leales a una bebida que representa un inusual reto en un mercado global dominado por multinacionales estadounidenses. Gran parte de su estrategia comercial se centra en alcanzar a sectores que no podían consumir las gaseosas tradicionales.

El público joven en estos mercados no podía pagar una gaseosa porque estaba muy caro y alguien se dio cuenta. Tal vez el reto más grande que emprende esta empresa peruana es buscar entrar al mercado de India, una nación de 1.200 millones de personas y potenciales consumidores, donde ya controla el 8% del mercado ahí.

Están consientes que no pueden competir con presupuestos de publicidad de Pepsi y Coca Cola. Su fortaleza es el precio. Tienen como objetivo la clase media baja. Gente que está empezando a salir de la pobreza.

Al PAN y al PRI les toca estar expectantes en la asimilación de su derrota. Y así como Big Cola lo hizo en su momento, cambiar criterios, evitar cualquier indicio de soberbia o abuso de poder en lo poco o mucho que les toque ser autoridad.

No amedrentarse frente al nuevo gran partido llamado Morena. El mundo ha cambiado y ese cambio implica que la información fluye desde el más recóndito de los secretos. La simulación debe ser declarada obsoleta e inútil. El poder y el tamaño en si no lo abarca todo. Entendamos que estamos en un nuevo mundo. Hoy una empresa de India es la dueña de Jaguar y una firma brasileña compró Budweiser y Burger King. Eso se llama innovar.

El tiempo hablará.

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