Honduras. Pobres migrantes que “no importan”.

Jorge Chávez

Cuando el extranjero morare con vosotros en vuestra tierra, no le oprimiréis. Levito 19:33.

A riesgo de ser reiterativo en el tema, la migración de personas de Centroamérica hacia los EU es una actividad casi constante desde los no tan lejanos años del siglo pasado. Pero hasta estos días había sido algo que nos importaba en forma colectiva prácticamente nada. En esta maraña de acciones que hoy nos enteramos de la migración masiva hondureña hay detalles racionales e irracionales tan amplios que espero que el espacio en esta columna alcance para dirimirlos.

Iniciare afirmando que a estos ciudadanos extranjeros los entendemos por analogía de condición como país y que por la estridencia y esencia masiva de su caravana migratoria nos llega el fragor de sus clamores hasta este rincón geográfico que nuestro himno nacional nos instiga a la guerra “si osare un extraño enemigo profanar con su planta tu suelo”.

La numeraria nos puede servir para entender con amplitud de miras la actual circunstancia que estamos viviendo regionalmente y en la que México es el ombligo de la situación. Los censos regionales arrojan que Guatemala tiene 16 millones de habitantes, Honduras nueve y El Salvador 6.5 millones. El muy grave problema es que como Estados y gobiernos, ninguno de los tres es capaz de generar empleos, educación, así como brindar servicios y proveer seguridad para sus más de 30 millones de habitantes. Pero en esta espiral de dramatismo, la cosa no queda ahí.

En Honduras existe un vacío degradante en las funciones de gobierno que se debe a los bajos niveles de recaudación fiscal y esto es la causa principal de todos sus males. La miseria humana se manifiesta a gran escala pues la grave debilidad institucional permite a los ricos vivir como reyes en un muladar; y en pocos lugares en el mundo estas elites políticas tienen niveles tan altos de irresponsabilidad e insensibilidad para con su población. Aunque usted no lo crea mi querido lector, México es comparativamente un paraíso.

Continuemos con este recuento tan lamentable del drama hondureño. Las pandillas que conocemos como las “maras” son una verdadera catástrofe social sin precedentes en el continente, no es crimen organizado como tal. El punto es que, como “Los Miserables” de Víctor Hugo, un problema social acabó convertido en una violencia criminal con una dualidad devastadora: masiva y feroz; y en este contexto, los últimos 20 años EU ha funcionado como la principal válvula de escape a la presión demográfica hondureña.

Esta migración hacia Estados Unidos les deja un beneficio directo y de alta rentabilidad. Las remesas de los migrantes convierten a los propios habitantes en producto de exportación. Lo desconcertante del caso es que esta migración no sólo reduce las responsabilidades del gobierno en la atención a la pobreza, sino que la exportación de pobres los está volviendo más ricos. Para muestra un botón. Según fuentes del Banco Central de Reserva de Honduras, desde 2007 al 2016, Honduras ha recibido más de 27 mil millones de dólares en remesas y éstas crecen más cada año.

Mi querido y dilecto lector, ¿por qué Honduras se encuentran entonces en una situación tan grave? Pues porque las remesas comenzaron como una bendición, pero se han convertido en una maldición. Estas remesas tienen un costo humano muy dramático pues genera una falsa economía de servicios y consumo que depende totalmente de la exportación de personas y lo más grave es la relación que guardan las remesas con la violencia. Si en el terreno económico generan un falso progreso, en el terreno social provocan muerte.

La consecuencia perversa es precisamente lo que ahora estamos viviendo: migración masiva, destrucción de familias y comunidades, violencia y desempleo. Lo triste es que las familias hondureñas entre peor estén, mejor les va económicamente a las elites en el poder, pues reciben más remesas de la gente que emigra. Lo verdaderamente lamentable es que no se ven señales de que alguien quiera sacar a Honduras de este círculo vicioso. Este problema proyecta lo más podrido de los seres humanos. Todos los grupos de poder ganan con esta tragedia. Quienes pueden resolverlo no les conviene resolverlo.

Como bien dicen por ahí, esas oligarquías son salvajes y en ese sentido el calificativo de “repúblicas bananeras” no es peyorativo, sino descriptivo.

Y en toda esta triste espiral de tragedia migratoria, la cereza en el pastel, repostería cruel, el presidente Trump no abona para disminuir la problemática, que si atendemos la historia pudiéramos concluir que su país la ha propiciado. Por el contrario ha planteado construir un muro que cerraría la válvula de escape a la presión demográfica de Honduras, al mismo tiempo ha anunciado deportaciones masivas, impuestos a las remesas y erradicación de las “maras” en Estados Unidos expulsando a sus miembros a Centroamérica. Un problema que no tiene soluciones simples y que requiere de una voluntad que no se ve por ningún lado.

El tiempo hablará.

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