Corazón rupestre.

Jorge Chávez

Muchos males han venido por los reyes que se ausentan… Cosas Veredes, Cid, que harán hablar las piedras. Cantar del Mío Cid.

Mi querido y dilecto lector, desde la primera vez que leí la expresión con la que inicio la presente columna, en mi lozana y lejana juventud universitaria, me perseguía con el ímpetu propio de la edad la pregunta: ¿qué significa realmente la expresión cosas veredes? Más aun, ¿Qué se quiere transmitir con esta expresión? Pues me permito iluminarte a este respecto y aterrizar en tu superlativa inteligencia que con dicha expresión señalamos con abundante perplejidad y sorpresa las cosas inesperadas que ocurren a nuestro alrededor, y por tanto, sería una expresión equivalente a ¡Lo que hay que ver!

El domingo por la noche recibí un mensaje vía whatsApp de Pascal Beltrán del Río, titular del noticiero del Grupo Imagen comentándome al respecto de lo que sería una nota bomba en la prensa internacional al día siguiente, referente a los centros de procesamiento y detención de inmigrantes, donde tienen a los niños que son separados de sus padres. Y no es que esto sea algo nuevo, estos centros datan desde el 2009 pero en el contexto estridente que el presidente Trump desea enmarcar todo el asunto migratorio, y ante la difusión de unos videos que salieron al aire en televisión y en redes sociales de unos niños llorando por la ausencia total de algún ser querido, este asunto ha cobrado ya una relevancia de dimensiones que trascienden a todo el mundo. Soy una persona de bulbos, y en el momento que intercambiaba ciertas puntualizaciones con Pascal al respecto de este punto, implícitamente asumía que era una nota más. Error apriorístico. En realidad estábamos a unas horas de un tsunami informativo que al día de hoy derivó que en medio de un ambiente de verdadera indignación nacional, el presidente Donald Trump dio marcha atrás a su política de cero tolerancia, y firmó ayer miércoles una orden ejecutiva para poner fin al suplicio que implicaba la separación de las familias en la frontera. Algo que nos hacía recordar y revivir, toda proporción guardada, los campos de concentración nazi que suponíamos era algo que en la humanidad ya estaba totalmente superado.

Esta acción sumamente insensible no tiene adjetivo calificativo, arrebatarle los niños a sus padres no se debe a una ley emitida por el congreso norteamericano, ni a la decisión colegiada de una corte de justicia. Fue más bien una orden ejecutiva del presidente Donald Trump, y como tal se pudo revertir en un segundo.

Lo triste es que la razón de esta declinación no fue producto de un corazón magnánimo que haya aflorado en el presidente de los EU; el punto es que usar el sufrimiento de niños y niñas, para engrandecer su posición política es algo que no les gustó mucho a 13 senadores republicanos a quienes el presidente ya les estaba ocasionando problemas en sus distritos con sus electores.

Desde el inicio del plan Tolerancia Cero, a principios de mayo, se ha separado a 2.300 niños de 1.940 adultos en la frontera. La medida ha escalado de tal forma que, según datos de la Administración de Trump, los refugios están al 95% de su capacidad. “Si no quieren que pase esto, no traigan niños con ustedes”, les reprochó hace unos días el fiscal general, Jeff Sessions. Lo que ha sido interpretado como una manita de puerco a los demócratas para sacar adelante una nueva ley migratoria, pero, nos guste o no, es también un mensaje contundente hacia cualquiera que pretenda ingresar a los EU en forma ilegal, precisamente para que no lo haga.

Algo que pudiera parecer grotesco es que el fiscal Sessions esta semana citó la Biblia diciendo: “El apóstol Pablo y su mandato claro y sabio en Romanos 13 nos hace obedecer las leyes del gobierno porque Dios las ha ordenado para que en la sociedad haya orden”.

Sin embargo las iglesias Bautista, metodista, y católica, todas, rechazaron el argumento de Sessions diciendo: no hay un solo renglón en la Biblia que justifique separar a niños de sus padres.

Toda esta parafernalia migratoria le ha acarreado al presidente Trump una serie de insultos por todo el planeta con adjetivos muy subidos de tono, más aun que son dirigidos a la máxima autoridad del país más poderoso del mundo. Qué más cosas nos tocara ver. El uso de mi memoria inicia con el presidente de los cacahuates Jimmy Carter, eran otros tiempos, me acostumbre a que en aquel entonces los presidentes eran muy cuidadosos de, aun y que la razón los asistía, hacer siempre lo política y humanamente correcto. Esto ya no es así en nuestros tiempos. Cosas veredes.

El tiempo hablará.

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