Construyendo elecciones limpias.

Jorge Chávez

Siempre es mejor que haya elecciones a que no las haya. José Woldenberg.

Muchos ciudadanos de a pie tienen la convicción en la que no les cabe la más mínima duda de que las elecciones en nuestro país son excesivamente onerosas y caras, aunque sigo creyendo que no tener democracia sería infinitamente mucho más oneroso. Contamos con un mecanismo electoral que nos garantiza unas elecciones, sino limpias, al menos si óptimas.

Es notorio que para toda estrategia del Instituto Nacional Electoral (INE) y, en el caso de nuestro estado, el Instituto Estatal Electoral de Tamaulipas (IETAM), para tener unas elecciones limpias y confiables aplican una operatividad de inteligencia a la que siempre se le antepondrá una contra inteligencia por parte de algunos miembros de los partidos para sacar ventaja a favor de sus instituto político.

Como ciudadano y a mi leal saber y entender creo que, tanto el INE como el IETAM tienen medido, por decirlo de una forma, cada milímetro electoral de los procesos en turno para elegir candidatos a los diversos puestos de elección. Siempre es conveniente y saludable recordar, para valorar estas instancias, que en algunas etapas de nuestra historia, como país, como Estado de Tamaulipas o como ciudad de Matamoros, lo que teníamos era un verdadero chiquero organizado solo por los gobiernos en turno cuyas reglas estaban a modo para que no triunfara el deseo de la mayoría ciudadana en las urnas, sino el dedo elector del más poderoso en cada época.

Hoy contamos con un INE y un IETAM que sus principios rectores son más que mera retórica o teoría, estos puntos son: Certeza, Imparcialidad, Independencia, Legalidad, Máxima publicidad y Objetividad. Seis conceptos que se pretende sean la brújula que guía los procedimientos electorales en medio de un proceloso mar de partidos y personas que sin toda esa normatividad y reglamentación sería un dialogo estilo la torre de babel explicada en la Biblia en Génesis 11.

Dentro de esta logística electoral contamos con la Fiscalía Especializada para la Atención de los Delitos Electorales (FEPADE), fundada el 25 de enero de 1994, que a pesar que desde su fundación no ha servido para mucho en medio del aluvión de delitos que a todos nos consta pero que no podemos evidenciar jurídicamente a ningún partido o candidato, en el laberinto de requisitos judiciales, pero que al menos sirve de petate del muerto para asustar a quien pretenda violar la ley electoral.

Se cuenta también con su equivalente estatal en Tamaulipas, lo que es la Fiscalía Especializada en Delitos Electorales. En este caso si a los partidos, candidatos o ciudadanos no les inspira confianza la fiscalía estatal, pueden ir a la federal y viceversa. Al final el ciudadano elector cuenta con opciones en lo referente a los mecanismos de denuncia electoral. Puede poner su denuncia en la fiscalía que le inspire más confianza.

Contamos con una ley electoral del Estado de Tamaulipas con 357 artículos con el único objetivo de arropar los procesos electorales, que los gobiernos deben hacer cumplir les guste o no a los gobernantes. Se les acomode o no a sus respectivos partidos.

Mi querido y dilecto lector, nuestras instancias electorales, independientemente de que puedan ser de naturaleza imperfecta, valen oro molido que muchas veces el ciudadano de a pie no las valora en su real y justa dimensión. Con todo y que muchos mexicanos llevan el sello cultural de la incredulidad a cualquier autoridad, incluyendo la electoral, hemos sido capaces de construir las condiciones normativas e institucionales para la convivencia y la competencia de la diversidad política que tenemos y gracias a eso contamos con el poder de un voto que nos permite la transición democrática en cualquiera de los poderes que nos gobierna.

Hoy podemos decir, independientemente de los pocos o muchos críticos por instinto, que vivimos un régimen democrático gracias al INE y al IETAM y a pesar de muchos políticos tramposos.

Debo plasmar que decir INE o decir IETAM me suena muy abstracto e injusto. Debería decir por sus nombres a cada uno de los ciudadanos que participa en cada elección, como capacitadores electorales o supervisores, de quienes me consta el arduo trabajo que hacen en cada elección y que lamentablemente la ciudadanía en general no conoce a plenitud. Esos soldados electorales que se encargan de que tu querido lector ciudadano solo llegues a la urna y tu única preocupación sea traer tú credencial de elector.

El 2 de septiembre del 2018, el año pasado, el Consejo General del IETAM, celebró una sesión extraordinaria, que en términos de formalidad fue un acto con el cual se dio inicio al presente proceso electoral. Esta fue la pauta con que se inició toda la espiral del momento electoral que estamos viviendo con las campañas que hoy adornan nuestra existencia.

Podemos tener la certeza ciudadana de que, mientras haya INE y IETAM, aquella alusión de Vargas Llosa de la dictadura perfecta, ya no volverá más a nuestro país.

El tiempo hablará.

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