Brownsville y Matamoros con Julio Cesar Chávez

Jorge Chávez

Los corazones pequeños no conocen la humildad. Víctor Hugo.

Estuve expectante como analista y como matamorense para ver el desempeño de Julio Cesar Chávez (JCC) en el contexto de las Fiestas Mexicanas y el Charro Days. Las versiones que me habían llegado del personaje en cuestión era que parecía que no quería tocar suelo de Matamoros por mil y una razones.

Me indignaba que particularmente a Matamoros nos fuera a tratar mal y que fuera una repetición de aquél ya lejano 1995 en que el trato de Manuel Mijares dejo mucho que desear al menos en nuestra localidad.

Estoy muy contento por haberme equivocado con JCC. Debo reconocer que me atrapó la humildad que proyectó durante su estancia en la región fronteriza. Desde su llegada al aeropuerto Internacional General Servando Canales en Matamoros, donde fue recibido por el alcalde Mario López; el campeón boxeador mostró una accesibilidad que lo describía como una persona agradecida con los días que ha vivido, aunque después pudimos darnos cuenta que en realidad lo que proyectaba era la paz y la sabiduría que da haberse reconciliado con la vida misma.

En el tradicional saludo binacional del puente nuevo en la que la madre naturaleza se mostró generosa con un cielo obstinadamente azul y unas nubes blancas protagónicas, con un sol radiante que hacía sentir la delicia de un calor agradable, pero también la presencia de un viento del norte que obligaba a los presentes en la sombra a traer puesto alguna chamarra que los protegiera del eventual frio.

El tumulto se hizo sentir en diversos sentidos, por el lado americano se podía sentir el afecto de las autoridades locales que celebraban el tradicional “Charro days”, aunque era contradictorio a esa calidez la presencia intimidante y acentuada, aunque entendible, de las autoridades de Migración y de la Border Patrol quienes hacían más estridente su presencia dejándose ver con armas de alto poder justo en la línea divisoria de los dos países, que me hacía pensar a bote pronto aquel crudo aforismo: “Tan lejos de Dios y tan cerca de los EU”.

En ese tenor las autoridades federales mexicanas fueron más prudentes y prácticamente tuvieron una “presencia invisible”, con la salvedad de un helicóptero de la marina que hacía unos rondines de vigilancia y una Policía Federal estacionada metros adelante de las casetas de la policía fiscal en la entrada de nuestro país.

Trey Méndez y Mario López enfatizaron en sus sendos discursos la importancia de la cálida y tradicional hermandad que caracteriza a las ciudades que hoy les toca gobernar en medio de un contexto internacional poco favorable, pero que les permite proyectar la unidad de estas dos ciudades.

Presumieron también que no existe otro lugar en el mundo donde dos ciudades, de distintos países celebren con tanto entusiasmo y alegría su amistad, y se proyecten como una tierra unida por el mismo cielo, por el mismo mar y por el mismo río.

Querido y dilecto lector, esas palabras, me consta, las escucho atentamente el invitado principal de la fiesta, Julio Cesar Chávez, y después de algunos fragmentos protocolarios dentro del programa, era obvio que los ahí presentes anhelábamos escuchar las palabras del campeón.

JCC fue escoltado por los alcaldes de las ciudades hermanas, Trey Méndez y Mario López, así como un denso grupo de personalidades destacadas de ambos lados de la geografía internacional de esta frontera, el campeón superpluma, Ligero, y Superligero tomo la palabra muy a su estilo coloquial.

Yo que lo escuchaba con una cercanía física, no más de dos metros de distancia, y muy predispuesto por su anterior discurso que le había escuchado cuando acepto la nominación, me dejo gratamente sorprendido.

Sus indicios de humildad fue cuando dijo por qué no había querido aceptar la nominación de Mr. Amigo: “No quería ser Mr. Amigo porque este reconocimiento es para pura gente importante, para puros artistas y no para boxeadores como yo”.

Después de estas palabras JCC agregó a su perorata su característica jovialidad con palabras alti sonantes que en él no se escuchan tan mal. Él dice de sí mismo que es grosero, yo diría más bien que es coloquial y culturalmente adaptado a su esencia del noroeste de nuestro país.

Así mismo agregó en sus palabras que no se arrepentía de haber aceptado este reconocimiento, el cual ratificaba, dentro de su efervescente humildad, que no se lo merecía. Tuvo palabras deferentes tanto para Brownsville como para Matamoros.

El summum de su discurso fue cuando nos compartió la referencia de su pelea más difícil, contra las drogas. Presumió que tiene once años limpio. Muy motivante para quienes lidian esta misma batalla.

Para mí el momento apoteósico de la estancia de JCC fue cuando me callo la boca. El sábado en el desfile internacional, cuando pude ver que no tuvo empacho en cruzar a pasearse por las calles de nuestro adorado Matamoros y saludar a las personas que lo esperaban para saludarlo a su paso.

Verlo entrar a la presidencia municipal de Matamoros y firmar el libro de visitantes distinguidos, escoltado por el alcalde Mario López, me dejo un muy grato sabor de boca y una invaluable lección de vida. No juzguemos a las personas en forma precipitada.

El tiempo hablará.

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