Bloopers

Jorge Chávez

No es necio el que hace la necedad, sino el que, hecha, no la sabe enmendar. José Martínez Ruiz, Azorín.

Me queda más que claro que todos cometemos errores. He cometido varios. No me asusta cometerlos en mis escritos de la presente columna, menos ahora que sé, que el presidente reconoce sus errores en el Presupuesto de Egresos de la Federación, particularmente con respecto a la autonomía de las universidades y los dineros programado para ellas. Desde hace mucho he aprendido que solamente quien no hace nada es el único que no se equivoca jamás. En este contexto cabe señalar que el anglicismo blooper, como se titula la presente, se refiere a un embarazoso error cometido en público. Dicho término tiene su origen en la onomatopeya bloop, por el ruido molesto y repentino provocado por una radio causando una interferencia sobre otra.

El día de ayer miércoles en una crítica dirigida al diputado de Morena Mario Delgado, cometí un penoso blooper pues en vez de plasmar su nombre, escribí el nombre de nuestro presidente municipal de Matamoros, Mario López. El contexto indicaba claramente que me refería al diputado. No sé si fue por andar a las prisas, o porque el trabajo de impacto mediático del presidente me tiene atrapado el sub consiente y simplemente escribí su nombre pensando que estaba escribiendo el del coordinador de los diputados de Morena; que por cierto, dicho sea de paso, ayer desayuno con nuestro presidente AMLO, que de acuerdo con el legislador, comentaron el cierre del periodo legislativo y los detalles del Presupuesto de Egresos de la Federación 2019. Casi nada.

Otro error cometido en este año que concluye fue en la columna donde aborde el tema del Consejo Coordinador Empresarial de Matamoros, al mencionar los negocios de uno de los reconocidos, particularmente del empresario Alfonso Cárdenas Gutiérrez, por querer decir Las Parrillitas, dije Las Tablitas. Las dos en diminutivo. Después me enteré que esta confusión suele sucederles a muchas personas.

Ya entrado en esos asuntos de los errores en público, ocurrirá muchas veces que, estando de mal humor, demos una repuesta agria a quien no la merece: las reglas básicas de urbanidad indican que corrijamos a tiempo con afabilidad y cortesía nuestro desavío. Es muy común en nuestra labor de columnistas que sucederá también lo siguiente: fundados en falsos razonamientos, obremos como no debimos obrar; venga inmediatamente una rectificación cauta y discreta de nuestra conducta. Claramente entendiendo que la pasión, la ira, el despecho, puede llevarnos a extremos que no estén de acuerdo con nuestra ecuanimidad; sepamos encontrarles un pretexto, una justificación, una lógica, y esforcémonos en seguida con actos justos, sosegados, dignos, en borrar del ánimo de la gente el mal efecto producido, si es que lo hubo.

Hasta ahí lo concerniente a mis errores semánticos y sintácticos de esta columna que tienes a bien leer, estimado y dilecto lector.

En el breve espacio que me queda quiero abarcar todo un universo de argumentos; quisiera una eternidad como la que existe en los efímeros suspiros de cada uno de mis hijos. Quiero señalar que tuve la oportunidad de escuchar la conferencia mañanera de AMLO del día de ayer miércoles. La esperaba con cierto morbo después del lamentable deceso del matrimonio Moreno Alonso de Puebla. Tanto odio se espetó en las redes sociales que me era necesario escuchar las razones de nuestra primera autoridad para que fuera un ansiolítico, aunque tenía temor que fuera un factor de depresión profunda como ciudadano que soy y que me preocupa los destinos de este nuestro país tan lastimado.

Debo decir que me gusto las razones que dio el presidente al respecto del caso que nos está ocupando en estos días. Le preguntaron de todo, incluso la teoría de la conspiración donde se le acusa a él de haber sido el maquiavélico autor intelectual. Dio respuesta a todos sin perder su compostura. Pidió tiempo para aclarar todo lo que tenga que ser aclarado. Creo que anticipar culpables en esta tragedia es una grosera ruindad, aunque parezca pleonasmo. Y así mismo dar resultados precipitados de una investigación sin fundamento, parece más burla que seriedad.

No queremos ni un gobierno que apresure la investigación, pero tampoco una oposición al gobierno, como estridentemente lo viene haciendo el ex presidente Vicente Fox que apresure juicios y distribuya culpas sin fundamento, sin dejar de ser testigos en redes sociales de la abundante miseria humana escribiendo cada grosería que se le ocurre, verbigracia Gerardo Fernández Noroña, muy típico en él.

Pues bien querido y dilecto lector, el año de gracia 2018 fenece. En él quedan todas nuestras acciones. Buenas y malas. Te agradezco con profunda sinceridad tu deferencia para leerme, no es poca cosa. De hecho pienso que quienes me leen son la fascinante causa de mi egocentrismo literario. Espero sigamos haciéndonos esta poética compañía durante el 2019, yo escribiendo para que tú me leas. Abrazo y bendiciones.

El tiempo hablará.

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