100 fuegos para México.

Jorge Chávez

¡Pobre de México, tan lejos de Dios y tan cerca de los EU! Nemesio García Naranjo.

Conocer la Historia de México es como navegar en un mar lleno de turbulencias, sino fuera porque en algún momento a alguien se le ocurrió dos maravillosas ideas: la primera, glorificar las derrotas y la segunda, sembrar esperanzas en el desierto de la decepción, seriamos el compendio perfecto de la depresión histórica existencial permanente, por tanto desencanto que nuestros personajes protagonistas de la política nos abonan con una consistencia tan perfecta y tan constante como la salida del sol todas las mañanas.

El General Cienfuegos viene a formar parte del gran repertorio de militares en Latinoamérica que terminan siendo defenestrados por las autoridades judiciales de EU, como en su momento lo fueron Rafael Leónidas Trujillo de Republica Dominicana o Manuel Antonio Noriega de Panamá, ambos primero fueron aliados incondicionales de los EU pero cuando la vigencia del vínculo caducó se acabó el amor. Esta historia es prurito, manía o fatalidad.

El general Salvador Cienfuegos, cuyo nombre evoca cualquiera de las novelas de los dos grandes de la narrativa latinoamericana, Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa; bien pudiera caber en “Cien años de soledad” o en “La Fiesta del Chivo”. Un hombre cuyo rostro cacarizo delataba las cicatrices del acné en su juventud. Es un personaje que por su educación militar y por su nivel de mando llenaba el espacio donde quiera que estuviera. El mismo presidente de la República, Gobernadores, Secretarios de Estado, como legisladores de todas las ideologías le tenían

Con su traje verde olivo inspiraba el respeto que las insignias militares cosechan por si mismas. Toda esta fachada no fue suficiente para evitar el penoso arresto el jueves pasado en el aeropuerto de Los Ángeles, California. Hoy su fama está en un precipicio jurídico al borde del abismo de la humillación. Solo los sumamente poderosos que caen, entienden este tan fatídico Waterloo. Las mentes pequeñas lo sentenciaran ipso facto. Juicio sumario es lo de hoy. La penosa sentencia anticipada solo por haber sido una figura poderosa.

No obstante, cabe señalar que hay unos niveles de poder donde parece que siempre es posible que la humanidad se compre, o la compraventa se humanice. En algún momento dijo Carlos Fuentes que en México siempre ha habido gente corrupta, autoritaria y con exceso de poder. Pero todo se les perdona si al menos son serios (¿Hay una corrupción seria y otra frívola?). La frivolidad es lo insoportable, lo imperdonable, la burla a todos los jodidos. De allí la pena y la vergüenza de esos años en que fuimos millonarios de temporada para amanecer al poco tiempo quebrados, en la calle, y llorando de risa antes de reír de dolor. Hasta ahí la cita.

Una pregunta flota en el aire. Suponiendo sin conceder. ¿Es posible tanto poder acumulado por el General Cienfuegos, para hacer lo que hizo sin cómplices, no solo en México, sino también en los EU?

Se cuenta que quien conocía muy bien el sistema de justicia de los EU, y junto con ello la Doctrina Monroe, aquella que dice: «América para los americanos», fue el dictador General nicaragüense Anastasio Somoza García, quien en alguna ocasión dijo: “Pienso permanecer no menos de cuarenta años, pero si los Estados Unidos me hicieran la menor insinuación de abandonarme, lo haría inmediatamente, pidiendo solamente garantías completas para mi persona”.

El Departamento de Justicia de los EU se presenta con una ferocidad renovada, pues las acusaciones a la máxima autoridad militar en tiempos de EPN no es poca cosa. Vuelven con nuevos bríos como la policía del mundo, originado en las nada confiables confesiones de testigos protegidos; amén de que no podemos soslayar que muchos actuales mandos militares fueron subordinados del hoy general defenestrado. ¿Acaso pretenderán meterse a fondo en la SEDENA?

Querido y dilecto lector, al General Cienfuegos no le ayuda que el mal de muchos políticos es confundir cada etapa de su vida con algo definitivo, acabado. Y que necesitan de mucho poder y de mucho dinero para lavarse de todas sus inseguridades, de todas sus soledades, de todas sus penas y vergüenzas. Tal parece que siempre habrá un funcionario de alta catadura cuya necesidad de opulencia sea más grande que su orgullo nacionalista.

Me preocupa que por un evento de esta naturaleza nos avergoncemos de ser mexicanos y estemos convencidos de que ser idiotas es la mejor manera de pasar por el mundo desapercibidos, siendo dueños de una libertad anárquica y de una sabiduría estúpida que ignora la presunción de inocencia, hoy más que nunca de mucha relevancia por ser quien fue y por ser quien es el acusado.

El tiempo hablará.

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