No los dejes caer en tentación…

Invitado

Si bien es cierto que Dios le indicó a Adán y a Eva que podían comer toda la fruta distribuida a lo largo y ancho del Edén, también es cierto que les ordenó que no  comieran el fruto del árbol que denominó como el de la ciencia del bien y del mal. Aquí bien vale la pena aclarar que las escrituras no mencionan que dicha fruta fuera una manzana, cosa que nos sirve para dejar de temer engullirla.

 Todos sabemos que desde la aparición del hombre en la faz de la tierra, ha tenido y tiene límites naturales y los que él mismo se ha impuesto para poder vivir en armonía con sus semejantes.

El hombre no puede respirar bajo el agua, ni puede volar por sí mismo, ni puede dejar de respirar ni de comer, so pena de perecer. Estos son  límites naturales.

Los límites autoimpuestos son de carácter filosófico, pues al ser expulsado del paraíso, llega al dominio de sus instintos y así mismo, adquiere la libertad con límites,    y deja de depender de Dios al tomar sus propias decisiones. De esta manera, adquirió la racionalidad, misma que le enseñó que debe conducirse dentro de ciertos márgenes para vivir en la sociabilidad que le exige el nuevo entorno.

Pero así mismo, se dio cuenta que nació deseando muchas de las cosas que no le pertenecen. Desea la mujer del prójimo, envidia la productividad de la tierra del vecino,  la estatura o el buen porte de su amigo y tantas cosas que le impiden sentirse realizado.

Bueno, también desea trascender en la historia y dejar huella. Ya no le bastó el dejar el legado del hijo, el plantar un árbol ni escribir un libro.

Lo que acabo de escribir viene a colación a propósito del cambio de régimen que se avecina.

En realidad, nadie sabe quién va a ganar, porque la encuesta final será la que reflejen las urnas el próximo primero de julio. Ya hay varios casos que nos enseñan que las elecciones son como el futbol: el partido termina cuando el árbitro emite el último silbatazo.

 

La realidad es que si gana el PAN o el PRI, lo más probable es que el modelo económico siga igual. Esto no tiene nada de raro, toda vez que ambos partidos comparten la tesis de la conveniencia de vivir bajo las reglas del libre mercado que predominan en el mundo.

Lo malo es que el presidente Donald Trump ya manifiesta su desencanto hacia este modelo.

Eso es preocupante.

Ahora bien, si gana MORENA, quienes rodean a Andrés Manuel le van a tratar de acorralar para que revierta las reformas estructurales que el actual régimen logró, con la complacencia de la mayoría de las fuerzas políticas de este país.

No quiero imaginar el golpe a la confianza de los grandes capitalistas que han invertido en este país.

No quiero concebir qué podría pasar si los empresarios dejan de invertir o si los capitales empiezan a salir.

No quiero pensar que los grupos al interior de MORENA se enfrenten ante la falta de consensos entre los radicales y moderados si se decide que es mejor continuar con el modelo neoliberal.

Me rehúso a idear que la tentación de trascender, de cambiar, de volver al sistema social donde el Estado compensa las iniquidades regalando dinero, se vuelva una política pública del nuevo régimen.

No quiero acordarme que cuando José López Portillo era presidente, congeló las cuentas bancarias en dólares para que los dueños de esta divisa no pudieran disponer de ellos y que instituyó el mex-dólar para compensar su decisión.

A nadie nos gustó esa decisión y don José aún carga el pesado juicio de la historia.

Fueron tiempos aciagos.

Todo por no dominar la tentación.

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