La actualización de los tres partidos

Invitado

Recordando la época estudiantil donde la necesidad de entender la manera de actuar de los partidos políticos como medida para interactuar con los compañeros de la universidad, muchos leímos la obra Los Partidos Políticos, del francés, Maurice Duverger.

Destaco que apenas en la introducción del libro, leí una frase que nunca he olvidado y que cada que observó que los altos dirigentes de los partidos políticos sucumben al deseo de violentar la norma interna y hacer lo que le viene en gana, se me viene a la memoria.

Es la frase que dice que “del mismo modo que los hombres conservan durante toda su vida la huella de su infancia, los partidos sufren profundamente la influencia de sus orígenes”.

Dicho de otra forma, “los hombres y las instituciones jamás olvidan su origen”.

Quizás esta afirmación explica el cómo y el por qué los altos dirigentes de los partidos actúan como lo hacen.

En el caso del PAN, el joven Anaya llegó a la presidencia de su partido apoyado por quien fungía como máximo dirigente, Gustavo A. Madero y bien se acepta, incluso entre Tirios y Troyanos, que lo traicionó, al grado que  don Gustavo se tuvo que ir a Chihuahua a ejercer un cargo menor comparado con el alto cargo que ostentó. En la personalidad del joven Anaya se proyecta un hombre dispuesto a cualquier cosa en su afán por conseguir el poder. En él, los escrúpulos salen sobrando y “el fin justifica los medios”.

Esta misma conducta, la observó cuando se hizo de la candidatura de ese partido a la presidencia de la república. Todo indica que el PAN, el partido que lo cobijó y brindó muchas oportunidades, poco le importó. Su puede añadir que haberse envuelto en señalamientos de lavado de dinero, bien confirma lo antes expuesto.

En este caso, el joven Anaya siempre conservó las huellas de su infancia.

En el caso del PRI, su fundador, Plutarco Elías Calles, ejerció el poder a ultranza al grado de haber creado a su alrededor, la figura del “maximato”, donde el señor Elías escogía los candidatos, determinaba el rumbo de la nación y escogía, incluso, a quien sería el presidente de México. Sin que suene peyorativo, ahí nace la figura del “dedazo”, acción que explica la decisión final de quien tiene la facultad de elegir a los candidatos a cargos de elección popular o en la administración pública. En la actualidad,

En este caso, el PRI sufre profundamente la influencia de sus orígenes.

En el caso de MORENA, su fundador, Manuel López Obrador, trasladó las viejas prácticas del PRI, el partido donde comenzó su carrera política, a su nuevo partido. Es evidente que le imprimió nuevos formatos, pero la esencia del PRI la conservó en su ADN político. De ahí, su proclividad a centralizar las decisiones importantes del partido.

En este caso, el presidente electo, Andrés Manuel conserva la huella de su infancia política y MORENA ya sufre profundamente la influencia de sus orígenes.

La jornada electoral 2018, demostró la pobreza de la oferta de los 3 partidos que son la única opción de la ciudadanía. De acuerdo a lo que se percibe, a los 3 les urge actualizar sus estatutos, programa de acción y sobre todo, su plataforma ideológica. Las alianza raras y perversas que nos ofertaron, francamente merecen ser limitadas y/o reguladas por el ineficaz INE.

México es otro a partir de la llegada de MORENA al poder ejecutivo federal, derivado de la forma de conceptuar el desarrollo de este país.

La intención del cambio la veremos paulatinamente y se radicalizará una vez que el nuevo sol, vaya adquiriendo el poder total.

Ojalá no se haga totalitario.

La oportunidad de salir adelante, aparte del combate a la corrupción, se finca mayormente en el crecimiento de nuestras exportaciones, más allá del consumo del mercado interno.

Ni modo, así son las nuevas reglas que mueven al mundo.

Así de simple.

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